Matresencia
- Lorena Siqueiros
- 1 jun
- 3 min de lectura
La maternidad es una restructuración profunda de nuestro cuerpo, mente y cerebro. No se trata de algo que se suma a nuestras vidas; es una característica transformadora que permea cada esfera de quiénes somos y nos redefine en todas ellas. Reconfigura nuestros gustos, reordena nuestras prioridades, transforma nuestras necesidades, modifica nuestra tolerancia a la frustración, intensifica nuestra sensibilidad y expande nuestra capacidad de empatía y altruismo hacia los demás.
Esta transformación nos invita a repensarnos, no solo como madres, sino también como mujeres y como hijas.
En los años 70, la antropóloga médica Dana Raphael acuño el término matresencia, como un juego de palabras ingenioso que refleja los paralelismos entre la maternidad y la adolescencia: ambos periodos se caracterizan por transformaciones físicas y psicológicas profundas. Dana Raphael posicionó la transición a la maternidad como una etapa vital de maduración y crecimiento irreversible, merecedora de ser nombrada, valorada y estudiada científicamente.
Sin embargo, el término cayó en el olvido durante décadas. Nuestra sociedad simplemente no estaba lista para este nuevo concepto. Quizás era necesario que las voces de las mujeres llegaran sin filtros a la esfera pública; tal vez hacía falta que ocupásemos espacios científicos y políticos con poder de decisión para que nuestros procesos fuesen reconocidos como dignos de investigación y financiación. Casi cuatro décadas después, el interés por la matrescencia resurgió gracias a la psicóloga clínica Aurelie Athan, quien ha sido fundamental en la popularización y expansión del concepto a través de la docencia y la investigación científica. Para Athan, la matrescencia va más allá: es una experiencia simultánea de desorientación y reorientación, provocada por cambios acelerados en múltiples dimensiones de la vida. Es perderse para reencontrarse, desmoronarse para reconstruirse. Se trata de adaptaciones que impactan no solo lo físico y psicológico, sino también lo social, político y espiritual.
En 2018, la psiquiatra Alexandra Sacks impartió una charla TED (puedes mirarla aquí con subtítulos en español) que cambió la conversación sobre la maternidad. Comenzó con una pregunta poderosa: ¿Recuerdas alguna época en la que te sintieras hormonal y emocionalmente desestabilizada? ¿Una etapa en la que tu piel se erizaba, tu cuerpo crecía en lugares extraños y muy rápido, y la gente esperaba que actuases como un adulto? La respuesta era obvia: la adolescencia.
Con ese paralelismo brillante, Sacks introdujo en apenas seis minutos un concepto revolucionario: estos mismos cambios ocurren durante la maternidad. Su intervención legitimó el término matrescencia en el ámbito médico y mediático (llegó incluso al New York Times), reposicionándolo como un proceso evolutivo normal y diferente de la patología posparto.
Sacks explicó un dilema común en su consulta: muchas madres acudían convencidas de padecer depresión posparto porque no experimentaban la plenitud y felicidad constante que esperaban. Se sentían tristes, cansadas, inseguras como madres, y esa discrepancia entre expectativa y realidad las aterraba aún más, haciéndolas creer que podían estar enfermas. La intervención fue tan simple como poderosa: nombrar lo que estaban viviendo como un proceso evolutivo normal y universal. Solo eso. Simplemente validar su experiencia como transformación natural en lugar de patología fue suficiente para que las madres afrontasen mejor su situación y se sintiesen menos solas y desesperadas.
Gracias a la claridad de Sacks y al alcance de las plataformas digitales, su presentación se hizo viral, y con ella, el término matrescencia.
Palabras crean mundos. Hablemos de matresencia y acompañémosla. Un mundo mejor, una mamá a la vez.
con cariño,
Lorena Siqueiros
Mamá, maestra de yoga, doula y guía de creación de culturas compasivas.
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