Radiografía de la experiencia materna (embarazo, parto, posparto y lactancia)
Actualizado: 29 sept
La maternidad, hoy, es uno de los retos más grandes que enfrenta nuestra sociedad.
El INEGI acaba de presentar los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, y el dato es contundente: la Ciudad de México tiene la tasa de fecundidad más baja de todo el país, con apenas 0.8 hijas e hijos por mujer — muy por debajo del promedio nacional (1.2) y a más de un punto del nivel que se necesita para que una población se mantenga estable generacionalmente (2.1).
Para ponerlo en perspectiva: si la Ciudad de México fuera un país, estaría entre los de menor natalidad del mundo, solo por encima de Macao y Corea del Sur. Cada vez menos mujeres deciden ser madres, y las razones son muchas, pero una de ellas seguramente tiene que ver con lo que en Papaki escuchamos todos los días: ser madre, en las condiciones actuales, es exigente de una manera que la sociedad no siempre reconoce ni acompaña.
Con esa realidad de fondo, quisimos hacer algo distinto: en lugar de hablar en abstracto sobre "lo difícil que es la maternidad", decidimos preguntarle directamente a nuestra comunidad.
Encuestamos a 66 madres de Papaki sobre su experiencia real de embarazo, parto, posparto y lactancia, y analizamos sus respuestas para entender, con datos, dónde se siente más el peso de esta etapa de la vida — y dónde como comunidad y como sociedad podríamos estar poniendo más atención.
Esta es la primera entrega de esa radiografía.
Una aclaración sobre la categoría de "parto"
Cuando hablamos de "parto" en este análisis, nos referimos a cualquier forma en la que un bebé llega al mundo — vaginal o por cesárea.
Termómetro de la experiencia materna
Le pedimos a las participantes que describieran, en pocas palabras, cómo vivieron cada etapa. Lo que encontramos fue una trayectoria muy clara, casi como una curva que va cayendo:
Durante el embarazo, la experiencia es mayoritariamente positiva. Las palabras que más se repiten hablan de ilusión, emoción, sorpresa, curiosidad, esperanza. Es la etapa donde más domina lo positivo sobre lo negativo.
Durante el parto, esa balanza empieza a moverse. Aparecen con mucha más fuerza palabras de dureza, reto, dificultad — la experiencia se vuelve más cruda, más intensa, y lo negativo empieza a pesar casi tanto como lo positivo.
En el posparto —la etapa a la que, como sociedad, menos atención le ponemos— es donde encontramos la experiencia más negativa de las cuatro. Es también, paradójicamente, la etapa que más cuidado y acompañamiento requiere, y la que menos parece estar recibiendo.
Es una curva incómoda de ver: justo cuando el cuerpo y la mente de la madre más necesitan sostén, es cuando menos parece estar llegando.
Una conversación que nos hizo repensar cómo medíamos esto
Al compartir estos primeros resultados con Deni Rayn —consultora de crianza y lactancia, educadora perinatal, y a quien muchas mamás de nuestra comunidad ya conocen y quieren— surgió una reflexión que nos pareció muy valiosa.
Al principio, habíamos clasificado cada palabra o sentimiento como "positivo" o "negativo". Pero Deni nos hizo notar algo importante: hay procesos que son biológicos, naturales, casi inevitables — y ponerles una etiqueta de "negativo" es, en el fondo, un juicio que no les corresponde. El caso más claro es el cansancio. Es prácticamente imposible que una mujer atraviese un proceso donde su cuerpo cambia tan radicalmente sin sentir agotamiento. Llamar "negativa" a esa sensación sería casi culpar a la madre por algo que su cuerpo hace de forma natural.
Por eso decidimos crear una tercera categoría: neutra. Ahí colocamos sensaciones como el cansancio, lo retador, lo inesperado — cosas que no son ni buenas ni malas en sí mismas, sino parte del proceso.
Pero aquí viene la parte que más nos importa comunicar: que algo sea "neutro" o "natural" no significa que no podamos hacer algo al respecto. Que el cansancio sea parte esperada del posparto no quiere decir que debamos normalizar que las madres lo enfrenten solas. Como sociedad, como comunidad, sí podemos hacer mucho para aliviar esa carga — más apoyo logístico, más acompañamiento, más manos disponibles.
¿Y ahora qué?
Esta es solo la primera entrega. Vienen más: violencia obstétrica, el apoyo que las madres realmente necesitaron, y cómo el parto y el posparto se conectan entre sí.
La maternidad no tiene por qué sentirse como una caída libre después del nacimiento. Si supimos acompañar la ilusión del embarazo, también podemos aprender a acompañar el cansancio, la soledad y el reto del después.





A modo de conclusión sobre el bloque de lactancia, consideramos clave contextualizar: la mayoría de los programas de Papaki incluyeron asesoría especializada de lactancia (al menos telefónica) y seguimiento a la comunidad de madres. El impacto favorable que observamos en los datos refleja la efectividad del acompañamiento oportuno, reconociendo a su vez la existencia de un sesgo positivo propio de nuestra población atendida.

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